De IA y otras cosas
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La combinación
del monitoreo
acústico pasivo (PAM),
mediante el uso de unidades de registro autónomas (ARU), y el análisis bioacústico es un método no invasivo y cada vez más utilizado para descubrimiento, monitoreo y conservación ecológica.
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Los dispositivos
digitales y
la IA
pueden escuchar y procesar a máxima velocidad una gama más amplia de sonidos con diferentes umbrales de potencia y filtros, aumentando significativamente las habilidades humanas.
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Tres
factores
han
aumentado el número de datos sonoros recolectados en la naturaleza: la baja en el costo de los equipos de grabación de alta calidad, la capacidad de almacenamiento de datos y los nuevos procesos de decodificación de información.
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Los
mamíferos
marinos
producen una amplia gama de sonidos que les ayudan a navegar, encontrar alimento y comunicarse. Muchos de estos sonidos pueden utilizarse para identificar animales por especie o grupo.
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Los
cachalotes
emiten
chasquidos de ecolocalización para detectar a sus presas; los machos de ballenas jorobadas emiten cantos elaborados para atraer parejas o limitar territorio con otros machos.
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La Administración
Nacional
Oceánica
y Atmosférica de EU utiliza monitoreo acústico pasivo para detectar mamíferos marinos casi en tiempo real y mitigar amenazas como colisiones con embarcaciones.
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Un
estudio
reciente
reveló que las plantas emiten sonidos ultrasónicos que las polillas pueden oír y utilizar para decidir dónde poner sus huevos. Esta interacción acústica también es posible por la nueva tecnología para catalogar estas frecuencias sonoras fácilmente.
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Muchas
especies son
capaces
de aprender y replicar las vocalizaciones de otras especies. Esta habilidad de supervivencia vista en muchas especies de aves para ahuyentar depredadores o conseguir alimento, les da ventaja adaptativa sobre otras especies.