Se puede decir que la relación entre ciencia, tecnología y guerra tiene un conjunto de características definitorias a lo largo de la historia. La financiación de los fabricantes de armas ha fluido a través de instituciones científicas que han diseñado y avalado armas de diferentes tipos y alcances. Para garantizar un suministro adecuado de científicos e ingenieros, las grandes potencias también han financiado educación y capacitación para la generación, no solo de armamento, sino de estrategias militares.