Las últimas gotas
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El
panorama
global
es desolador, pues el 75% de la población mundial vive en países donde el agua escasea, más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando y dos mil millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas.
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En
muchas
cuencas,
la contaminación procedente de aguas residuales o con un tratamiento inadecuado, así como la escorrentía agrícola y los efluentes industriales y mineros implican que una proporción cada vez mayor de agua que ya no es segura ni económicamente viable para el consumo humano.
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Más
de la
mitad
de los grandes lagos del mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990, lo que afecta a aproximadamente una cuarta parte de la población mundial que depende directamente de ellos para su seguridad hídrica.
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Varias
cordilleras
corren el riesgo de perder glaciares funcionales en las próximas décadas, lo que socava la seguridad a largo plazo de cientos de millones de personas que dependen de ese líquido como agua potable, riego y energía hidroeléctrica.
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Casi
el 60%
de las tierras agrícolas mundiales se encuentran con una degradación que va de media a grave, lo que reduce la retención de humedad del suelo y empuja a las tierras áridas hacia la desertificación.
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Se
ha
traspasado
el límite planetario del agua dulce. La evidencia global muestra que dos elementos importantes del ciclo: "agua azul" (superficial y subterránea) y "agua verde" (humedad del suelo), ya no suministran la integridad de la biosfera y sistemas terrestres.
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Han
sido
empujados
más allá de su espacio operativo seguro, junto con los límites planetarios para el clima, la integridad de la biosfera y los sistemas terrestres