Pasado, presente y futuro

El terremoto de 1985 fue un evento con magnitud 8.1 en la costa de Michoacán, cuyo impacto en la Ciudad de México se amplificó por el suelo blando sobre el que está construida la capital. Además del daño físico y la gran cantidad de víctimas (alrededor de 10 mil), este terremoto dejó lecciones importantes sobre la importancia de la prevención y la protección civil; también propició un despertar de la sociedad civil que se organizó de forma espontánea para el rescate y el apoyo a los damnificados.

La furia de la naturaleza

A diferencia de hace cuatro décadas, ahora existen cien estaciones de monitoreo y 38 más en gestación. Además, el uso de sensores digitales más sensibles, así como la comunicación vía satélite, ayuda a informar, en cuestión de minutos, dónde se localiza el epicentro y la magnitud. Si bien los sismos no se pueden predecir, existen herramientas científicas que permiten conocer las zonas de mayor riesgo, además de un sistema de alerta sísmica que previene a la población de la llegada de un sismo peligroso.

Contrastes

A partir de 2026 se llevará a cabo el modelado de terremotos en la que será la supercomputadora con mayor capacidad de la UNAM; por otra parte, el Centro Alterno de Monitoreo (CAM) del Servicio Sismológico Nacional (SSN), inaugurado en el Estado de Hidalgo en septiembre de 2023, funciona como una sede "espejo" o de respaldo para la sede principal en CU que respalda la generación de datos. En un futuro se busca crear más estaciones de monitoreo y expandir la Red Acelerográfica.

Una mirada al futuro