PUBLICACIÓN: 24-MAR-2025


A Través del Atlántico:

Tres Países Unidos por el Sargazo


  • Una serie de reportajes de:
  • Alice Martins Morais – ((o)) eco, Brasil
    Iván Carrillo – El Universal, México
    Kalain Hosein – Guardian Media Limited, Trinidad y Tobago
  • Editor: Ricardo Garcia

Francisco Neto es un pescador brasileño, Rosa Rodríguez es una científica mexicana y Renelle Kissoon es una representante del gobierno local en Trinidad y Tobago. Nunca se han conocido. Sus países tienen culturas distintas y hablan idiomas diferentes. Sin embargo, están unidos por un problema común: un enorme cinturón de sargazo, un tipo de alga gigante que cubre periódicamente vastas áreas del Atlántico Central, afectando a múltiples países desde el Golfo de México hasta la costa de África.

El sargazo es tan denso que, en 2024, provocó el naufragio del barco de Francisco. Es tan abundante que Renelle Kissoon aún no sabe cómo ni dónde desecharlo de forma segura. Y es tan desafiante que ha definido el rumbo profesional de Rosa, quien se dedica a comprenderlo mejor y buscar soluciones para mitigar su impacto.

Se trata de un género de macroalgas marrones flotantes que debe su nombre al Mar de los Sargazos, en el Atlántico Norte, donde forma extensas alfombras de manera natural. No obstante, el sargazo que afecta a Brasil, México y Trinidad y Tobago, entre otros países, proviene del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una vasta región que ha experimentado un crecimiento exponencial desde 2011, según un estudio publicado en 2019 en la revista Science. Este incremento se atribuye a una combinación de factores ambientales y actividades humanas.



Esta animación muestra la media mensual de sargazo observada en el Océano Atlántico desde enero de 2018 hasta diciembre de 2023. Las áreas en tonos azules indican menos de 3 km² de sargazo en promedio, mientras que el rojo refleja concentraciones de 9 km² o más. Fuente: NASA.


El cambio climático ha elevado la temperatura de los océanos, creando condiciones propicias para su proliferación. Las aguas más cálidas aceleran el metabolismo del sargazo, permitiéndole crecer con mayor rapidez y en volúmenes significativos. A esto se suma el aporte de nutrientes provenientes de actividades humanas, como el nitrógeno y el fósforo, que actúan como “fertilizantes marinos”. Estos nutrientes llegan principalmente desde América del Sur, arrastrados por la escorrentía agrícola de la cuenca del Amazonas, donde el uso intensivo de fertilizantes y la deforestación incrementan la carga orgánica que desemboca en el océano.

Además, las alteraciones en los patrones de circulación oceánica, también atribuidas al cambio climático, han redistribuido las corrientes que transportan el sargazo desde sus zonas de origen hasta las costas del Caribe, intensificando el problema en la última década.

Si bien el sargazo flotante ofrece beneficios ecológicos, como servir de hábitat para peces juveniles y contribuir al secuestro de carbono, su llegada masiva a las costas puede ser devastadora para quienes dependen del mar.

Hace casi un año, Francisco Neto, pescador artesanal en la Amazonía brasileña, estuvo al borde de la muerte cuando su barco naufragó tras quedar atrapado por toneladas de sargazo. Junto a cuatro compañeros, intentó izar una red que creían llena de peces, pero el peso de las algas desequilibró la embarcación y la volcó. “Las pérdidas fueron enormes. Perdimos todo el equipo: el navegador, la radio, nuestros celulares…”, recuerda.

Más al norte, en Trinidad y Tobago, la situación es similar. Renelle Kissoon, concejala de un pequeño pueblo pesquero, relata cómo entre 2018 y 2023 los pescadores locales enfrentaron enormes dificultades para botar sus embarcaciones al mar debido a la acumulación de sargazo en la costa. Y una vez en el agua, las algas se enredaban en las hélices de los motores, provocando averías irreparables. “No solo bloqueaban los motores, también los destruían. Muchos pescadores tuvieron que reemplazar sus equipos y redes”, explica.

El impacto del sargazo va más allá de la pesca: afecta al turismo, a las economías locales y al equilibrio ecológico de los ecosistemas costeros.

Tras cruzar el Caribe, el sargazo llega a las costas mexicanas, donde su presencia masiva representa un desafío costoso. La bióloga Rosa Rodríguez calcula que limpiar un solo kilómetro de playa puede costar hasta un millón de dólares al año. Sin embargo, ella y otros científicos coinciden en que es posible transformar este problema en una oportunidad, utilizando el sargazo como materia prima para la producción de biocombustibles, fertilizantes, ladrillos ecológicos y otros productos sostenibles.

A continuación, descubre las historias completas de Francisco, Renelle y Rosa. Conoce cómo el sargazo une sus realidades, desde las causas y consecuencias de este fenómeno hasta las posibles soluciones que podrían cambiar el futuro de sus comunidades.